domingo, 23 de agosto de 2015

Trabajo practico Nª5

EL NACISMO Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÒN
Lee atentamente el siguiente texto
1) Realice un cuadro donde se exprese las ideas y elementos principales del aparato propagandìstico del nazismo
2) Fundamente por què los conceptos de HEGEMONIA Y DOMINACIÒN DE GRAMSCI, podrìan ser ùtiles para comprender la relaciòn entre nacismo y medios de comunicación.


Adolf Hitler había comprobado los efectos que produjo el bombardeo propagandístico durante la Primera Guerra Mundial. Durante esos años, mantenía la firme convicción de que la propaganda poseía una enorme capacidad persuasiva y movilizadora. Hitler fue un amplio conocedor de unas técnicas, que, por otra parte, se encontraban ya definidas teóricamente desde la primera gran guerra. No solo la empleó como medio para conseguir sus propios objetivos, sino que, aún más, basó toda su estandarte estratégico en la propaganda.
La propaganda política nace como arma ideológica con la Revolución Rusa, el nuevo estado comunista recurrió a ésta de forma sistemática con la intención de controlar y guiar a las masas. Los nazis trataron de aunar las aportaciones de uno y otro y convirtieron la propaganda en una “nueva arma” para convencer al pueblo, para llegar a él, para imponer su visión del mundo y el Estado. Supieron utilizarla para alcanzar el poder, para aprovecharse de la crisis y las frustraciones existentes, mostrándose como salvadores de la nación en quiebra, y una vez en el gobierno, pusieron todos los medios de comunicación bajo su control y los utilizaron para dominar el Estado y controlar a las masas. Sin la propaganda sistemática y el control de los medios no se explica el crecimiento de nacionalsocialismo a lo largo de los años 20 y 30.
Su primera obra consistió en modificar el sentido ofensivo, despectivo y despreciativo de la propaganda, provocada años posteriores de la Primera Guerra Mundial, precisamente por el uso y abuso de la mentira contenida en aquel entonces. Se podría decir que su primera acción propagandística fué introducir en las mentes del pueblo alemán, la idea de un concepto positivo de la propaganda.
El término “propaganda” procede del latín “propagare” y aludía a la práctica del jardinero de introducir en la tierra los injertos frescos de una planta para multiplicarla. Así, se acentúa la idea de una transformación mediante el empleo de técnicas artificiales. Hoy son muchas las definiciones que existen sobre la propaganda, pero la Real Academia Española la describe como “la acción o efecto de dar a conocer una cosa con el fin de atraer adeptos o compradores”. Aunque tomando aportes más sustanciales de las definiciones de autores y escritores como Kimball Young, Violet Edwards y Leonard W. Doob, podríamos decir que: “se entiende por propaganda la acción sistemática reiterada, ejercida por medios orales o escritos, sobre la opinión pública con una finalidad exclusivamente persuasiva, principalmente mediante la sugestión y técnicas psicológicas similares para introducir en un grupo una ideología/doctrina o incitar a la acción mediante la canalización de actitudes y opiniones. La propaganda se mueve en una estructura sociocultural determinada, sin la cual no pueden comprenderse sus repercusiones psicológicas y culturales”.
En la propaganda se sustenta la carga emocional, apela a los sentimientos provocando una autentica presión. Sin embargo, es mas difícil que pueda crear afectos inexistentes. La propaganda tan solo las evoca, estimula, explicita y radicaliza. Hitler no consiguió una nación antisemita, porque la semilla ya estaba, de alguna manera, sembrada. No crea el sentimiento de culpabilidad por la pérdida de la guerra, estaba latente entre los ciudadanos teutones. Por estas razones, era necesario conectar con las emociones y sentimientos de la multitud, así después solo habría que encauzarlos conforme a los intereses del propagandista. Hitler conocía a la perfección a la población alemana y ese sentimiento de culpabilidad  tras la derrota en la Primera Guerra Mundial. Tan solo tuvo que convencerlos de “la puñalada en la espalda de los judíos y comunistas”. Con ello devolvió la confianza y la seguridad que había perdido el pueblo alemán.
En definitiva, Adolf Hitler nada dejaba a la luz de la improvisación. Los aspectos esenciales de la propaganda se encontraban plasmados teóricamente en su libro escrito en 1925, tan solo restaba trasladarlo de lo teórico a lo práctico. La maquinaria nazi se había puesto en movimiento con una cuidadosa y minuciosa planificación.
 Técnicas de la Propaganda
La mayor parte de las técnicas que emplea la propaganda se sustentan en mecanismos muy simples y comunes a la mente humana. Buscaron un enemigo y lo encontraron en los judíos y los comunistas, y sobre ellos lanzaron todo el descrédito, a la vez construyeron todo su mensaje sobre la exaltación del líder y su papel como guía o caudillo: sus discursos se transmitían por la radio, su imagen estaba omnipresente en los carteles que empapelaban las calles, en los periódicos o emisiones de cine, donde se exaltaba su carisma y los logros y conquistas conseguidos. Y en todos los medios se reproducían de forma masiva desfiles solemnes, símbolos, banderas y estandartes, que asedian al pueblo alemán casi como una obsesión. Alemania se convirtió de esa manera en una “sociedad hipnotizada”. El padre de todo este mecanismo propagandístico fue Paul Joseph Goebbels que poseía un protagonismo desbordante, apasionado y tenaz sumado a una inteligencia orientada a las comunicaciones, a la psicología de masas y a lo artístico. El Ministro  de Propaganda y Educación Popular tenía una enorme capacidad como manipulador de la información que lo convirtió en uno de los personajes fundamentales del nazismo, artífice de una incansable labor de propaganda basada en los siguientes principios:
  1. Principio de simplificación del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo. El mensaje debe ser sencillo para que todos y cada uno de los individuos sean capaces de comprenderlo, breve y claro, elaborado con frases simples y enunciaciones primarias.
  2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada
  3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.”
  4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave magnificando la situación.
  5. Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión, escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
  6. Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.
  7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público estará ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
  8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
  9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
  10. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas
  11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad. Estas herramientas publicitarias pueden verse no sólo en la Alemania nazi, sino en decenas de departamentos de propaganda de gobiernos internacionales desde entonces. Sin embargo, la brillantez universal de estos parámetros no parte necesariamente del ingenio, sino del narcisismo. El doctor Leonard W. Doob, tras analizar la mecánica de las acciones propagandísticas de Joseph Goebbels los ampliaría a 19 principios, mostrando preceptos mas clínicos y detallistas sobre los procesos de diseminación de información nazi. Para Hitler, fue este el trampolín para elevar a su imagen al Olimpo de los íconos.
  12. Cartelería Nazi
    El “cartelismo” había tenido fines únicamente publicitarios y comerciales hasta la primer gran guerra. El nazismo mostró gran maestría en el uso del cartel como medio de propaganda, éste permitía llegar a gran cantidad de público sin necesidad de invertir grandes recursos. Además, correctamente situado y desarrollando el mensaje con habilidad estética y técnica, su capacidad para influir y movilizar en las masas era evidente. Al contrario que otros regímenes totalitarios, el nazismo alemán logró poner de su lado a una gran cantidad de artistas, tanto músicos, como pintores y cartelistas. Esto hizo que, desde sus inicios, el Partido Nazi contara siempre con vistosos e impresionantes carteles publicitarios. Su gusto por la teatralidad y la escenografía les llevó incluso al punto de mandar diseñar sus uniformes al jefe de vestuario de la ópera de Berlín, lo que da idea de hasta qué punto creían en el poder de la imagen. Resultaba mucho más sugestiva y se grababa por mucho tiempo en la mente del espectador, especialmente en una sociedad donde el acceso a ella era muy limitado.
    El cartel nazi tiene un mensaje claro y un lenguaje directo, lleno de frases cortas y sencillas, pero punzantes y llamativas, que resumen la ideología nacionalsocialista o exigen del espectador un tipo de conducta comprometida. Se acompañan de una estética muy cuidada en el marco de una composición atractiva. Son carteles impactantes, rotundos en su intento de convencer, repletos de consignas que apelaban al instinto y las pasiones más que a la razón. Auténticos “gritos en la pared” que clamaban por la maldad de los judíos, la grandeza del líder, el bienestar económico generado por el nuevo régimen o el valor del trabajo en la retaguardia durante la guerra mundial.
    “La radio del pueblo”
    Hitler y Goebbels, se dieron cuenta de las posibilidades que la radio ofrecía como arma de propaganda masiva. El primer paso fue controlar su programación, pero aun así había un problema, los receptores eran demasiado caros para a la población. La solución fue la “radio del pueblo” o “radio para todos”, un aparato simple y barato. En agosto de 1933 se presentaba la Volksempfänger, de la que se vendieron hasta el inicio de la guerra, siete millones de unidades. Durante la guerra se venderían a mitad de precio otras 1.800.000 de una versión más barata, la DKE38. Ambas estaban marcadas con un águila y una esvástica.
    Erich Scholz, ministro del interior, declaró que “la radio alemana sirve al pueblo alemán”. Así que todo lo que degrada al pueblo alemán debe ser excluido de ella”. Con el monopolio de la radio bajo el control de su corporación, y la programación estrictamente censurada y de tono aún más nacionalista que el de los últimos días, la radio podía convertirse en el medio más efectivo para extender la ideología nazi. Los discursos del Reich se retransmitían a través de su monopolio radiofónico, se podía considerar políticamente incorrecto y probablemente temerario apagar la radio durante esos discursos. Así que no había escapatoria a la sesión de lavado de cerebro.
    El principal problema para convertir la radio en una herramienta de propaganda masiva era que los receptores eran demasiado caros. Esto había propiciado la aparición de clubes informales y asociaciones en los que sus miembros se reunían para escuchar un mismo aparato. Desde el principio estas asociaciones se convirtieron en objetivo de los nazis que habían comenzado a infiltrar a sus partidarios en ellas, incluso antes de 1933. Pero después del 1933, los nazis siguieron fomentado estos clubes, ya que eran un lugar ideal para comprobar si su mensaje llegaba a la gente. Después de las emisiones se hacían debates en los que los nazis podían identificar a los que expresaban opiniones disidentes.
    Una vez resuelto el problema de los aparatos, empezaron a re-estructurar la programación para asegurarse que los oyentes recibían información correcta política y culturalmente. Todos los discursos públicos de Hitler y del resto de líderes del partido eran emitidos. Había charlas sobre el nacional socialismo, algunas dirigidas al público en general y otras a grupos específicos, como por ejemplo las amas de casas o los obreros. Las emisiones de música extranjera se fueron reduciendo en favor de la música alemana, clásica o popular, hasta llegar a la prohibición de la música “negroide” y decadente, como el jazz, y también las obras de compositores judíos.
    El régimen nazi también percibió las posibilidades de la televisión. Se hizo un esfuerzo técnico importante y se puso en marcha el primer servicio de televisión que emitía algunos días de la semana. Pero la televisión no estaba suficientemente desarrollada, los aparatos eran muy caros y solo se encontraban en sitios públicos. Por otro lado la irrupción de la guerra frenó en seco la producción de estos aparatos, aunque las emisiones continuaron hasta casi el final del conflicto. Al igual que el régimen nazi, la producción de la Volksempfanger murió con Hitler.
    La obra de Leni Riefenstahl: el cine como medio propagandístico
    El periodo entreguerras, entre 1919 y la llegada de los nazis en 1933, fue el periodo de mayor creación artística de Alemania en muchos ámbitos, también en el cine. En el seno del cine alemán se desarrolló una corriente expresionista que produjo un gran número de obras maestras. Pero tal explosión creadora termina con el ascenso de los nazis al poder. Muchos de los cineastas escogen el camino del exilio, bien por sus ideas políticas, bien porque la censura limitaba su capacidad de creación.
    Tanto Hitler como Goebbels habían comprendido desde muy pronto su enorme capacidad para la transmisión de ideas y llegar a los ciudadanos. Con el objetivo de llevar estas intenciones a la práctica el cine alemán pasará en estos años de ser privado a estar enteramente controlado por el régimen. Los nazis mostraron su inteligencia permitiendo el desarrollo y predominio de un cine de evasión y entretenimiento, con historias sencillas y comerciales demandadas por el pueblo. Sin embargo, ese cine debía transmitir también los valores y principios de la nueva Alemania, aunque nunca de manera explícita. Y es que el reglamento cinematográfico de febrero de 1934, no solo había introducido la censura previa, sino que obligaba a que las películas fueran realizadas por productores de raza aria y reflejan el espíritu y los valores, intereses y logros nazis.
    En 1940, de películas marcadamente antisemitas, como El judío Juss, film de carácter histórico, o El judío eterno, con un carácter más documental, que muestran un anti judaísmo muy agresivo, construyendo un enemigo, un judío malvado, egoísta y parásito, que solo encuentra felicidad en el dinero, siempre en abierto contraste con el prototipo de alemán, honesto y trabajador. En esta órbita propagandística estaba la obra de una increíble directora, Leni Liefenstahl (nació en Berlín en 1902 y desde temprano tuvo un marcado interés por las distintas formas de arte, sobre todo la pintura y la danza. Fué directora de cine, actriz, bailarina y fotógrafa. Su trabajo es considerado una revolución por el empleo de técnicas avanzadas para la época). Su relación con el nazismo comenzó en 1932 cuando escuchó por primera vez un discurso de Hitler, a partir de ese momento lo conoce personalmente y este le ofreció ser la directora de los futuros documentales nacionalsocialistas.
    Liefenstahl fue de las pocas cineastas que no se exilió y que puso todo su enorme talento al servicio del nuevo régimen, que le recompensó con todos los medios técnicos, económicos y humanos para realizar los proyectos encomendados.
    Así pudo realizar dos grandes obras maestras del cine, El triunfo de la voluntad y Olympia. Ambas son películas impactantes llenas de alardes técnicos, a la vez que servían a los intereses propagandísticos del régimen. El triunfo de la voluntad se centra en la Convención del Partido celebrada en Múnich en 1934. El documental muestra a las masas nazis fundiéndose en una única voluntad con el Fúhrer, que evidencia su enorme capacidad como orador, su fuerte personalidad y su carisma entre las masas que le escuchan.
    La combinación entre algunos excelentísimos primeros planos y el montaje favorecen el dinamismo de la escenas. Seduce de principio a fin. Por detalles como estos, se lo considera posiblemente el mejor documental de propaganda política de la historia.
    La prensa nacionalista
    La prensa se convirtió en un ingrediente más de la estructura propagandística nazi, porque siempre estuvo en un segundo plano a comparación de los medios analizados anteriormente. También los medios gráficos cayeron rápidamente al poder y control del régimen. La censura y las persecuciones a editores y periodistas no se hicieron desear mucho. Los artículos realizados en el periódico que, durante el régimen permaneció con cierto tono liberal, llamado “Frankfurter Zeitung”, era dirigido por el Ministerio de Propaganda que enviaba a diario sus redacciones. En muy poco tiempo, la editora del partido nazi fue haciéndose propietaria de la mayoría de la prensa alemana.
    El Völkischer Beobachter, “El observador popular”, el periódico oficial del NSDAP, autodenominado “Diario de combate del Movimiento Nacionalsocialista de Alemania”, o alIllustrierter Beobachter, fueron periódicos diarios ilustrados con fotografías y fotomontajes que cubrían los actos de los líderes nazis. Ambos periódicos crecieron con el nazismo, por eso cuando se fundaron en los primeros años 20, su tirada no superaba unos miles de ejemplares, mientras en el año 1944 estaba por encima del millón y medio.
    El periódico semanal Der Stürner, “El atacante”, fué ejemplo del uso de la prensa como medio propagandístico. Se publicó entre 1923 y 1945, centrado en la difusión de propaganda antijudía y en convencer a los alemanes de la maldad de los hebreos. Su crecimiento fue paralelo al del partido nazi y si en 1927 tan solo tenía una tirada de 27.000 ejemplares, en 1935 alcanzaba los 480.000. Su antisemitismo visceral era evidente en sus conocidas caricaturas y dibujos satíricos que atacaban y menospreciaban a los judíos y en el lema que había en la parte inferior de cada portada “Los judíos son nuestra desgracia”.

    Libros
    Los nazis y sus simpatizantes publicaron gran número de libros. Muchas ideas que se asocian con los Nazis, como el nacionalismo alemán, la eugenesia y el antisemitismo habían aparecido desde el siglo XIX o antes, pero fueron los nazis quienes las aprovecharon, incluyéndolas en sus propias publicaciones.
    El libro de propaganda más notable es Mein Kampf (Mi lucha), de Adolfo Hitler, que detalla sus creencias. El libro perfila las ideas principales que más tarde culminarían en la Segunda Guerra Mundial. Está fuertemente influenciado por el libro de Gustave Le Bon, La muchedumbre: un estudio de la mente popular (1895), que teorizó la propaganda como una técnica racional adecuada para controlar el comportamiento aparentemente irracional de las muchedumbres.
    Otros libros tales como Rassenkunde des deutschen Volkes (Etnología del pueblo alemán), por Hans F. K. Günther, y Rasse und Seele (Raza y Alma), por Ludwig Ferdinand, intentaron identificar y clasificar las diferencias ente el tipo alemán, nórdico o ario y otros pueblos supuestamente inferiores.
    Conclusiones
    Para darle un cierre a este tema del cual se podría debatir horas y horas, podríamos decir que tanto Hitler como Goebbels, decidieron abandonar el método convencional de llevar la política por un lado y la propaganda por otro. Pero ¿A qué hacemos referencia con esto?
    En lo que nos focalizamos y queremos destacar, es el hecho de que la política del partido nacional socialista se sustentó básicamente mediante un aparato propagandístico perfectamente afinado y aceitado. Que no solo cumplió con todos sus objetivos, sino que los sobrepaso, sumergiendo a toda Alemania en una especie de “terrible fantasía”. Solo luego de la innegable derrota y el suicidio de su líder, este país pudo salir de la increíble pesadilla en la que estaba sumido y “abrir los ojos”.
    De todas formas sería inocente e imposible creer que, tan solo con un aparato propagandístico muy bien constituido, se le puede hacer pensar a todo un país que un genocidio masivo está justificado. Todos estamos de acuerdo en que la propaganda nazi rozo la perfección, pero también hay que tener en cuenta el terrible contexto histórico por el que estaba pasando Alemania en aquel momento. En tiempos anteriores a los del Nacional Socialismo, el país se encontraba atrapado en una terrible crisis económica, protagonizada principalmente por la híper inflación y las restricciones que imponía el Tratado de Versalles tras la primera guerra mundial.
    También hay que considerar como un factor determinante la necesidad que manifestaba el pueblo alemán de contar con un líder carismático como lo fue Hitler. Este fue un aspecto que Goebbels supo identificar desde un primer momento y lo supo explotar mostrando al líder como una figura salvadora de aquella Alemania destruida. Implementó ampliamente el recurso de la oratoria y demostró lo que se puede hacer masificando un aparato tan simple como la radio.
    Examinando más detenidamente este último punto, podríamos decir que la radio fue el principal medio de comunicación que utilizo Hitler para lograr el adoctrinamiento tan necesario en un gobierno de corte dictatorial. Logró vender masivamente este aparato fundamentalmente ya que el estado redujo su precio a la mitad y porque se inducia a la población a que tenerlo era casi una demostración de lealtad al Führer. Estos aparatos solo manejaban ondas de corta frecuencia y nunca de larga, ya que de manejar ambas frecuencias podrían escuchar radios extranjeras como la inglesa o la francesa.
    Se podría decir que tanto Hitler como Goebbels supieron utilizar las herramientas propagandísticas que tenían y explotarlas al máximo. También supieron aprovechar la situación negativa de la que venía Alemania y pudieron con todos estos factores imponer un régimen altamente violento y descabellado que termino concluyendo con el genocidio más grande de la historia.
  13. Fuente:http://www.isecpost.com.ar/el-nazismo-y-los-medios-de-comunicacion/
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